Analícese para que se conozca, conózcase para que se comprenda y compréndase para que se acepte y acepte a los demás (E. Pérez, 2011)
De la pluma de A. Powell, presento a continuación una apreciación de las cinco condiciones que se estiman de gran valor para aquellas personas que pretendan hollar el camino que ha de llevarlos hasta la mansión eterna de la Divinidad. Estas no son todas las cualidades que debemos desarrollar, pero, ciertamente, son algunas de las más importantes en este arduo camino que debe conducirnos a la liberación de la rueda de nacimientos y muerte en que aún nos encontramos. Veamos:
1. UNIDAD DE PROPOSITO: El Pensador debe tener siempre en mente cual es el propósito de su existencia y obrar en consecuencia. Cada acto, palabra, pensamiento y obra debe estar dirigido al cumplimiento de ese objetivo que, en adelante, se transforma en su razón de ser. Dentro de la economía de la naturaleza, el Pensador debe adquirir la cualidad del DISCERNIMIENTO, es decir, aquella condición que le permite separar la paja del grano y le ayuda a concentrarse solo en aquellas acciones que son útiles al desenvolvimiento de su propio ser y de la humanidad en general. No basta con obrar, es necesario hacerlo en la dirección correcta pues de lo contrario, se perderán valiosos esfuerzos en labores que terminan entorpeciendo el progreso del ser. Se COHERENTE: que tus palabras expresen lo que siente tu corazón y que tu corazón exprese lo que siente tu Dios. Se el mismo tanto si te encuentras en medio de una gran multitud, como si estás en la soledad de tu habitación. El desarrollo del discernimiento permite, entre otras cosas, empezar a escuchar, en lugar de oír; observar, en lugar de simplemente ver y, vivir plenamente, en lugar de sobrevivir. Dedícate a hacer el más elevado trabajo que puedas desarrollar; no te conformes con hacer lo mínimo para continuar donde estas; y si tienes dudas acerca de la dirección en la cual actuar, simplemente vuelve a los arquetipos de LO CORRECTO, LO BELLO y LO DIVINO, ellos te dirán hacia donde debes moverte. La humildad, la ética, la responsabilidad y la honestidad, entre muchos otros arquetipos, siempre han sido lo mismo y nunca dejarán de ser lo que son, por tanto, lucha por integrarlos a tu existencia con la certeza que tus esfuerzos serán compensados más temprano que tarde. Trabaja en pro de la naturaleza divina de cada ser y ella, la naturaleza, trabajará para ayudarte.
2. DOMINIO DE SÍ MISMO: Analízate para que te conozcas, conócete para que te comprendas y compréndete para que te aceptes y aceptes a los demás. El dominio de sí mismo es la condición que permite hacer que el cuerpo y la mente expresen solamente aquellas emociones, sentimientos y deseos que se quieren expresar y, a la vez, impide que otras emociones y sentimientos no deseados tengan cabida en su vida. La irritabilidad debe analizarse, encontrarse y eliminarse de la existencia; nada debe causarte este sentimiento que te impide ser tú mismo. Determine las cosas que te molestan, tanto de otras personas, como de la vida misma y propóngase que en adelante, nada te va a molestar, pues aunque no lo comprendas ahora, esas cosas que te irritan no se hacen en contra tuya, sino que eres tú mismo quien las asume como personales.
Otros dos elementos que se deben eliminar son la excitación y la impaciencia. Debes ser imperturbable tanto en el éxito como en el fracaso; nada debe turbar tu calma pues sabes que cada cosa en la vida sucede por una razón y, por tanto, aunque no la comprendas ahora, debes estar seguro que sucede para tu bienestar. Dios no te quita cosas, te libera de cosas; te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la divinidad. Controla tus emociones para que la excitación no perturbe tu capacidad de discernimiento y enturbie tu pensamiento. Una mente excitada e impaciente no logra alcanzar las metas soñadas. Entonces, no tengas afán por llegar, continúa trabajando en el propósito que has fijado; con paciencia, con tenacidad y aplicando tus esfuerzos y tu voluntad en lograr la unidad con la divinidad, que es tu propósito mayor, aunque no lo conozcas aun.
El anterior trabajo se complementa con el control de los nervios y los deseos. Templar el sistema nervioso es un trabajo que el Pensador debe ejecutar a lo largo de su existencia y para ayudarse en este propósito es preciso conocer, es decir, acercarse al conocimiento de las cosas, los sucesos, las personas…Dios. En fin, conocer permite eliminar las causas del nerviosismo, la irritabilidad y la impaciencia. Conócete a ti mismo, y te tallarás y moldearás como el mejor de los diamantes. Este proceso, así como el de controlar los deseos en todas sus manifestaciones, es también un trabajo de esta vida. Cada momento que vivimos es una oportunidad para hacer ambas tareas. No desees por desear. Analiza los deseos y veras que en el fondo, no son más que simples deseos, cosas no eternas, pasajeras que no tienen mayor fundamento. Así son la mayoría de los deseos actuales de las personas. Por tanto, desee cosas eternas, cosas duraderas y profundas que ayuden al desarrollo del alma, es decir, del Pensador.
3. CALMA: La ausencia de preocupación y de depresión son condiciones importantes en el proceso de evolución del ser. Nada te turbe, nada te distraiga; todo está ahí para que hagas uso de ello, pero todo está ahí para que aprendas de ello. La comprensión de las causas y sus efectos te permite tener calma ante las situaciones, por duras que nuestra ignorancia las hagan parecer. El discernimiento, el conocimiento y el control de sí mismo, permite tener la calma necesaria para afrontar sin dificultad la prueba máxima que significa vivir en un mundo aparentemente injusto, inequitativo y miserable. Paciencia para soportar lo que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar aquello que puedo cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia. Las personas suelen preocuparse todo el tiempo; se preocupan por cosas que no tienen mayor importancia y se preocupan por cosas sobre las cuales no pueden intervenir. Analiza las causas de tu preocupación y trata de ocuparte más de las soluciones que de las causas o del problema mismo. Fija tu mente en hallar soluciones y no le dé vueltas al problema una y otra vez. No te turbes con problemas ajenos o con aquellos que aún no han llegado. Cada día trae su propio afán y para cruzar un puente, es necesario llegar hasta él. Ten la paciencia y la calma para esperar el momento preciso para ocuparte de cada situación que te preocupa. No se puede hacer nada hasta cuando el momento es el adecuado. La cosecha solo se recoge cuando el fruto está maduro y listo para ser consumido. El terreno se debe sembrar cuando esté listo para ser utilizado y ten la certeza que lo que debe suceder, sucederá en el momento adecuado. Esta certeza te permitirá evitar la depresión tanto por lo sucedido en el pasado, como por la ansiedad que causa el esperar que suceda en el futuro. La depresión deberá ser eliminada mediante un esfuerzo de voluntad. Esté atento a su propio ser, y cuando detecte o avizore la aparición de la depresión, emita un fuerte acto de voluntad para contrarrestarla. Dígase a sí mismo: “No te permito entrar en mí” e inmediatamente, recuerde su objetivo primordial y póngase a hacer algo productivo que le siga impulsando hacia la meta soñada. Cuando estas triste, realmente estas distraído. No te distraigas, no permitas que tus deseos y emociones manden en ti. La voluntad debe estar siempre vigilante para controlar los estados emocionales. Eres tú el dueño de ti mismo; tú controlas tus emociones, sentimientos y deseos.
4. CONOCIMIENTO: Sin duda, el conocimiento de las causas de los hechos permite eliminar el miedo, la ignorancia y la impaciencia. Conocer es un deber humano y, como todo deber, ha de ser realizado con total rigor. Cuanto mayor conocimiento tengas de ti mismo, tanto mayor será tu capacidad de conocer a otras personas, a las cosas y a Dios mismo. Cada día ofrece la posibilidad de acrecentar nuestros conocimientos y expandir la consciencia que nos permite visualizar la sagrada luz que emana desde la cumbre hasta donde debemos elevarnos. Acepta con estoicismo lo que cada día te presenta; acógelo como un reto de superación e inicia la caminata con la certeza que da la confianza de saber que las cosas tienden a mejorar con el paso de los años. El conocimiento elimina de nosotros mismos muchos males tanto mentales como físicos; acaba con los miedos, los temores, las dudas, la inseguridad, la impaciencia, la depresión y la tristeza, entre otros males que aquejan a nuestra sociedad. Permite acceder a estados superiores de consciencia que ayudan notoriamente en la sanación de muchas enfermedades, entre ellas algunos tipos de cáncer y mantienen sano y vital los cuerpos físico, astral y mental. Además, conocer no cuesta nada, pues el conocimiento está ahí, en los libros, en internet, en nuestros padres, abuelos y amigos; solo hace falta que te decidas a aprender y mirar la vida como un constante aprendizaje.
5. AMOR: Cerramos este documento con la razón de ser de la vida misma, el amor. Un sublime sentimiento que no puede ser confundido con algunas de sus divisiones y expresiones más simples. La condición natural del amor es la EXPANSION, por tanto, el amor debe ser expandido, entregado, diseminado por todos los lugares y en todas las direcciones. Ama hasta convertirte en lo amado; mas aun, hasta convertirte en el mismísimo amor. Un error cotidiano consiste en encerrar al amor entre cuatro paredes y entregarlo de manera unidireccional a una sola persona, lo cual hace que el amor pierda poco a poco su esencia expansiva. El amor nos aggiorna de tal manera que enamoramos a todos. Empieza por amarte a ti mismo; convierte cada día en una ocasión de sentir y expresar el amor en todas sus vertientes, no solamente en el amor conyugal o de pareja, sino también en el amor hacia tus hijos, padres, amigos, conocidos y desconocidos; se puede y se debe amar de igual manera a una mujer o a un hombre, tal como se ama al árbol que nos da el oxígeno para respirar; al rio que nos trae el agua para beber; a la tierra que nos proporciona los alimentos y al sol que nos ilumina generosamente cada día y que aporta la vitalidad necesaria para que el manipura pueda hacer su trabajo de distribuirla en todo el cuerpo. La fortaleza del amor se manifiesta cuando eres capaz de amar por igual a tu amigo que a tu enemigo; a aquellos seres que nos son queridos, como a nuestros contradictores y la forma de hacerlo es conociendo y aceptando tu propia condición divina. Cuando puedes ver lo divino que existe en cada ser, entonces puedes amarle sin restricciones.
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viernes, 29 de julio de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
DE LA VOLUNTAD RECTORA DE LA VIDA
"La libertad del entendimiento consiste en ser esclavo de la verdad y la libertad de la voluntad en ser esclavo de la virtud."
Jaime Luciano
Si le pudiéramos preguntar a un cadáver tirado en el piso por su deseo más ferviente, sin duda diría: ¡Volver a la vida!. Aun el ser más triste y miserable siente nostalgia por una vida, por una oportunidad de hacer las cosas diferentes y de volver a empezar; y es que en el fondo, el alma es la que está dispuesta a reacomodar la existencia porque es ella la que conoce las circunstancias que llevaron a su renacimiento en el planeta; ella está constantemente buscando la manera de acelerar el crecimiento personal y aportar a la evolución del Pensador a quien pertenece, por eso es que se hace necesario que estemos atentos a escuchar la voz interior, aquella que desde el fondo del alma reclama atención. Debemos estar despiertos, es decir, conscientes y atentos a los cambios para aprovechar las energías que se cruzan por nuestro camino, de lo contrario la evolución se retrasará innecesariamente. A continuación hablaremos un poco acerca de las circunstancias que llevan al Pensador a tomar consciencia de su existencia, de la forma en cómo se puede aprovechar las energías y de las consecuencias de estar despierto, es decir, de existir.
Situando la Voluntad en la cúspide de la Triada Superior (Voluntad – Intuición – Mente Pura), es de notar su correspondencia con la Kabalah en relación con Keter (La Corona) y, como toda corona que se respete, está ubicada sobre la Cabeza, pero no es la cabeza misma, ni corresponde con su esencia. La Voluntad rige y manda sobre todos los demás aspectos que se encuentran por debajo de ella, es decir, tiene injerencia sobre la intuición, la mente pura, la mente concreta, el deseo, la vitalidad y el cuerpo físico, sin ser ninguno de ellos. Lo anterior supone una complejidad de tareas y fines relacionados con la Voluntad, pero ante todo, da a entender que el Pensador posee en ella un arma increíblemente fuerte e importante en todo el proceso de evolución (léase Salvación en términos religiosos). La Voluntad tiene la capacidad de regir los cinco sentidos, de mandar sobre ellos y elegir el grado de atención que se prestará a las percepciones, sensaciones o sentimientos que la personalidad muestre. Ella puede dirigir las energías necesarias para atender los procesos vitales tanto del cuerpo físico como del deseo y de la mente, es, por tanto, una especie de decantadora de la acción, pero no es la acción misma, pues esta cualidad de movimiento corresponde a la Sabiduría, así como la condición de Actividad imprime el ritmo a la materia.
De hecho, la Voluntad per se, es quietud, inercia (Tamas); es el Padre amoroso que precisa del Hijo para que actúe mediante el Espíritu Santo, y transforme la materia, la moldee y la haga evolucionar. Se corresponde con el Primer Logos o Punto indivisible de la Kabalah, por tanto, crea pero no da movimiento ni ritmo al desplazamiento. El conocimiento y la aceptación de la existencia de la Voluntad, primer paso en la toma de consciencia por parte del ser, le permite encontrar en él la semilla o chispa divina que le dice que, de algún modo y en algún lugar, se es parte de Algo más grande y eterno, de un TODO que lo llena e interpenetra todo, aun cuando no lo pueda dilucidar en ese momento. Tomar consciencia significa que el Pensador intuye que la existencia tiene un objetivo y se rige por un Plan perfectamente trazado desde lo más recóndito del universo. La repetición de las estaciones, la continuidad de la vida a pesar de la muerte, la respiración, la salida y puesta del sol, la complementariedad entre especies y seres, la trascendencia de los pensamientos y la inmensidad del universo hacen que el Pensador tome consciencia de sus limitaciones y, por ende, de sus potencialidades casi infinitas; es decir, hace que despierte y empiece realmente a vivir. Quizás este sea el objetivo de esta existencia para la mayoría de personas: despertar, empezar a existir, tomar consciencia de su condición divina y su potencial que lo llevará a ser uno con el Creador.
En relación con las circunstancias que llevan al Pensador a tomar consciencia de su existencia real y potencial, se pueden nombrar varias; entre ellas tenemos el dolor como vehículo de consciencia que permite asimilar experiencias y aprovechar sus enseñanzas en beneficio del ser mismo, son numerosos los casos de personas que después de un grave accidente automovilístico toman consciencia de su esencia y de su Creador y a partir de allí, sus vidas se encaminan por sendas insospechadas de gratitud y beneficio hacia la humanidad; el ejemplo ajeno aplicado a su propio desarrollo es otra forma de tomar consciencia, si bien es cierto que precisa algún grado de comparación y apropiación de dichas experiencias ajenas; y, finalmente la enseñanza directa por parte de los Grandes Maestros Iniciados en los misterios eternos, conocimiento que se halla disperso incluso en libros y escuelas de orden esotérico alrededor del mundo. Son muchas las circunstancias y situaciones que llevan al Pensador a tomar consciencia de su propia existencia, esto dependerá de muchos factores tales como los hereditarios, el aprovechamiento de vidas anteriores, la familia y el país en donde se ha nacido, el círculo de amigos y conocidos con el que se rodee la persona, etc., no obstante hay algo seguro: un día no lejano, todos y cada uno de los seres vivientes llegan a tener consciencia despierta, pues el llamado eterno del alma suele imponerse por encima de los gustos pasajeros de la personalidad.
Llegados a este punto no podemos menos que sentirnos congraciados con la existencia al notar la cantidad de sucesos que debieron darse de manera continua y a veces simultánea, para que fuésemos ese ser que ahora somos. No existe la casualidad, solo la causalidad; nada sucede en la vida por accidente, lo que acontece es que no conocemos las causas que motivaron tal o cual suceso y en tal sentido, lo atribuimos erróneamente a una “casualidad del destino”, sin darnos cuenta que en el universo concebido en la mente del Creador, todo opera de acuerdo con unas leyes perfectamente establecidas, pudiéndose notar entre ellas las siguientes:
- Como es arriba, es abajo.
- Toda acción, genera una reacción.
- La realidad es mental.
- La causa de la vida es el movimiento.
- El sufrimiento tiene causa en la dualidad.
Estas son solo algunas manifestaciones externas de lo que puede ser esa gran Ley que todo lo rige y que algún día comprenderemos en su totalidad. Estamos llamados a comprenderlas y usarlas en nuestro beneficio y en provecho de toda la humanidad, pues un avance significativo en una persona, significa un gran adelanto para la humanidad en su conjunto, esto aplicando una de las leyes anteriormente mencionadas. Por el contrario, nadie tiene derecho a la ignorancia y por eso lo pagará caro, y lamentablemente ensombrecerá el camino de todos, porque la humanidad es un conjunto perfectamente interrelacionado y conectado entre sí. Pero, hablemos un poco de las formas de aprovechar estas leyes y energías a favor nuestro. Este proceso pasa por el fortalecimiento de la Voluntad, es decir, de la toma de consciencia, tema que fue abordado en pasadas conferencias y que sugiero repasar. Al comprender que todo está interconectado, el Pensador comienza a actuar desde esa convicción, es decir, se pone de lado de la evolución misma con lo cual el mundo todo se esfuerza en ayudarlo, pues la naturaleza posee su particular raciocinio para detectar aquellos potenciales e incansables trabajadores que pretenden ayudarle. El Pensador comprende que si pone en marcha una acción, cualquiera que sea el sentido de la misma, como la maledicencia por ejemplo, más tarde o más temprano obtendrá la reacción de la misma con una fuerza e intensidad proporcional a la acción misma; igual situación se tiene frente a una acción de ayuda eficaz hacia alguien o algo. Lo anterior ejemplifica la importancia de tomar consciencia del poder del pensamiento pues el mundo real es mental y nunca me cansaré de divulgar esta realidad pues gran parte del sufrimiento del mundo está relacionado con el pensamiento negativo que encierra el conjunto de la humanidad. Es necesario, pues, sanar por dentro si se desea que el mundo sane. Concientícese de que el sol es quien le aporta vitalidad a su ser; salga al sol, mírelo y siéntalo como parte de su existencia; abrace al árbol, siéntalo vibrando y trabajando en su ayuda; ayude al perro que mueve su cola saludándolo, observe en él la chispa de la creación divina y mire cómo los seres necesitados están en todas partes esperando su ayuda. No te arrepentirás de haberlo hecho y en cambio, nunca te perdonaras el omitirlo.
A modo de ejemplo acerca del principio del movimiento podríamos decir que un lago que no recibe agua constantemente del medio ambiente termina por deteriorarse, sus aguas se descomponen y se seca. Es necesario para la vida que todo fluya, que exista un movimiento continuo desde y hacia algo, pues las energías deben circular constantemente para que haya creación; la muerte como tal no es más que una creación disimulada pues lo eterno no tiene fin, como tampoco tuvo comienzo. La Física ha entendido esto y por eso dice: La energía no se pierde, se transforma. Todos somos energía y por eso debemos estar en movimiento constante. Todos tenemos el deber de instruirnos y de instruir a los demás desde nuestras propias posibilidades, no hay otra manera de avanzar en el camino de la evolución. Finalmente, analicemos de manera breve las consecuencias de estar despierto, es decir, de existir, de haber puesto en marcha el ejercicio de la voluntad en nosotros mismos. Despertarse significa, como cuando lo hacemos cada mañana, ser consciente del medio en que nos movemos y del papel que se juega en la existencia misma; es responder a la antigua pregunta: “Quien soy”, y decidirse a salir a la calle con las mejores galas y dispuesto a crecer ese día, a vivirlo como si fuera el ultimo día sobre este planeta; sin temores, sin dudas; dispuesto a vivir y estar presente en cada instante de ese día. Disfrute al máximo cada cosa que sucede y se cruza por su camino: un ave volando, un niño lentamente caminando, el café de la mañana, la lluvia que cae y renueva la tierra, las personas de todos los colores y razas con sus formas distintas de ser y de actuar, la puesta del sol de cada día y la salida del astro por el oriente…no se pierda de ningún suceso de su propio día. Así se dará cuenta que usted existe y que existen muchos muertos vivos que andan por las calles pero que perdieron la posibilidad de vivir hace algún tiempo. Las consecuencias de estar vivo son muchas y de este tipo, entonces no se quede dormido y quieto, la vida tiene como causa el movimiento, ¡muévase ahora mismo!, oblíguese a sentir y a vivir, porque la vida es ahora mismo.
Este post está dedicado al Lic. Carlos Alberto Hidalgo Jaimes, amigo, filosofo, historiador, buscador de Dios, generoso y feliz con la vida que le tocó vivir. Un ser que ha demostrado su gran voluntad hacia el mundo y sus semejantes. Sin duda, un personaje de la otra orilla.
viernes, 12 de noviembre de 2010
DE LAS CAUSAS Y LAS CONSECUENCIAS
“Las leyes físicas son las muelas de las que tú serás el grano, si no sabes ser el molinero”
Eliphas Levi
En relación con la necesidad de salir a la calle a buscar el Santo Grial y, en general, frente a la convicción de un devenir y un porvenir, el Pensador debe tomar pronto la decisión de enfrentarse a su destino con gallardía y sinceridad. Nunca es tarde para empezar, porque ningún esfuerzo se pierde en la economía del universo y comenzar es el principio de llegar, esto si es que se puede llegar a algún lado en el proceso de evolución humana. Toda causa genera una consecuencia y un movimiento en el plano físico tiene consecuencias incluso en los planos internos, situación que ha sido contemplada desde los escritos profundos del Tres Veces Nacido, Hermes Trimegistos. Un pensamiento genera impacto sobre la mente de su creador y de quienes vibran en consonancia con el mismo, esto pone de manifiesto la imperiosa necesidad de mantenerse cerca de quienes están generando grandes y profundos pensamientos de bienestar hacia el conjunto de la humanidad, pero también advierte de la complejidad de permanecer cerca de aquellos que albergan constantemente en su mente formas impuras, lesivas y atrasadas que impiden al avance del ser humano.
Constantemente vemos que las personas de mediano avance viven solucionando las consecuencias que sus pensamiento y actuaciones generan en lo cotidiano, olvidándose o no enterándose, que la eliminación de conductas no deseadas, la corrección de problemas personales de toda índole y el control adecuado del pensamiento, están relacionados con la necesidad de actuar directamente sobre las causas y no, meramente, sobre las consecuencias. En muchos sentidos, el éxito y el fracaso personal están relacionados con esta situación, pues las soluciones parciales curan parcialmente las enfermedades, las mismas que reaparecen cuando la ocasión es propicia para recordarnos que tenemos tareas pendientes.
A modo de ejemplo, cito una anécdota que leí hace muchos años en alguna parte: En un pueblo cualquiera hubo un momento en que el agua de consumo humano que se tomaba de un rio cercano empezó a llegar contaminada con petróleo, generando grandes molestias a los pobladores quienes se vieron avocados a tomar medidas correctivas para poder continuar consumiéndola. Entre las medidas adoptadas por la gente se encontraban aquellas como hervir el agua hasta que el combustible se evaporaba, filtrar el líquido mediante el uso de arena y tierra o dejarla al aire libre para que los rayos del sol y el viento hicieran lo propio con el contaminante. Así vivieron largos días de apuros pero con soluciones que les permitían continuar con sus vidas. Cierto día un habitante que recién había llegado al pueblo, al conocer el problema, decidió caminar rio arriba buscando la causa de la contaminación, hasta encontrar un barril que goteaba y depositaba su contenido en el caudal del rio. Lo retiró y el problema del agua contaminado desapareció por siempre de las vidas de los pobladores.
La anterior anécdota ejemplifica de forma directa y clara el objetivo de este capítulo: constantemente las personas atacan y resuelven las consecuencias visibles de sus problemas; piensan y actúan desde las consecuencias, es decir, son reactivas ante la vida, pero no se acercan al problema de forma valiente y decididas a resolverlo de una vez por todas. Esta actitud requiere de gallardía y, ante todo, de valentía alimentada por una fuerza de voluntad inquebrantable para que soporte al Pensador en el momento crucial y alumbre su camino en el minuto más oscuro que siempre está al comenzar la luz del día. En ocasiones es necesario que el Pensador se sustraiga del medio o del entorno en el cual vive, porque de lo contrario y, en tanto se encuentre dentro del medio, no podrá ver la solución y menos logrará aplicarla en la resolución del problema. He aquí una primera condición para empezar a actuar sobre las causas y no sobre las consecuencias: sustraerse del problema a resolver, es decir, alejar del problema en cuestión los componentes emotivos y personales que tenga allí comprometidos, seguramente esta situación justifica la aparición y sostenibilidad de la profesión de Psicología aplicada en la ayuda a las personas.
Un segundo paso en este proceso está relacionado con vencer el miedo, en los términos que este se presente. El miedo tiene origen en la ignorancia y la ignorancia lo tiene en el desconocimiento de las causas que motivan los comportamientos y actuaciones del mundo en general, por tanto, el siguiente paso consiste en aprender o, mejor aún, comprender la forma en cómo opera el Universo mediante la comprensión de las leyes que lo rigen y la actuación acorde con las mismas. El estudio concienzudo y serio acerca de las causas de todo es decisivo al momento de querer corregir problemas de cualquier índole. Comprenda el problema en toda su magnitud si desea resolverlo, pues esta comprensión elimina la ignorancia y, por ende, el miedo. Es así de sencillo como suena. Tenga presente que la ignorancia es una forma inconsciente y pasiva del mal, tal como lo canta F. Cabral; nadie tiene derecho a la ignorancia, por eso lo pagará caro; la ignorancia es una forma de suicidio y afecta la evolución de toda la humanidad, por tanto, es su deber estudiar, analizar y comprender el universo en toda su magnitud. Cuando se enciende una luz en medio de la oscuridad, ésta retrocede de manera inmediata, dando paso a la claridad y el entendimiento; no tema prender esa luz e iluminar el camino suyo y de los demás que no existe otra manera de vivir en armonía con el Plan Divino trazado para el conjunto de la humanidad. Una sola luz que se encienda ilumina el camino de muchos seres que a tientas buscan la salida a sus problemas y tratan de encontrar el camino hacia la perfección.
El mundo está poblado de información, tenemos mucho, quizás demasiado, conocimiento girando alrededor nuestro y eso nos impide ver con claridad el camino que debemos tomar. Hace mil años la persona disponía de menor cantidad de información y, por ende, sus decisiones estaban menos condicionadas y sujetas a contingencias, sin embargo en la actualidad tenemos una caterva de casi inconmensurable de saberes que merodean nuestras cabezas y mentes en lo cotidiano; fácilmente pasamos de un problema de matemática a pensar en el alimento que debemos tomar en el transcurso del día; la vida se llena de decisiones cotidianas que envuelven la mente del Pensador tratando de ser tenidos en cuenta a cada instante, por tanto, es tarea del ser trabajar el discernimiento como condición sine que non para alcanzar la inmortalidad. El discernimiento nos permite vislumbrar entre tantos, el camino correcto y tomar las decisiones acertadas en medio de las absurdas y profusas posibilidades, con lo cual determinamos los futuribles y acogemos el correcto.
Es necesario, pues, enfrentar y vencer la ignorancia en todas y cada una de sus manifestaciones y, para ello, contamos con los sentidos ya desarrollados y los que apenas empiezan a aflorar. Tarea noble es procurar el descernimiento mediante el uso correcto de cada sentido, procurando con ello la ayuda al otro. No existe otra posibilidad de avance en este camino que, dicho sea de paso, compartimos con el conjunto de la humanidad. Pero en este proceso de discernimiento aplique ante todo su sexto sentido: La intuición, la misma que pugna por salir radiante de su escondite donde ha estado durmiendo los últimos 18 millones de años. Úsela y trate de optimizar su sentido hasta el punto de no cometer errores de apreciación y no se preocupe, que tiene la eternidad para crecer en calidad y cantidad.
Me permito a continuación citar otra anécdota para ejemplificar el tema que da fin a este apartado. Se cuenta que cierto día en una época lejana, dos personas descendían de un carruaje y al pisar el suelo escarpado, uno de ellos comento: “Deberíamos matar las vacas para con su piel alfombrar el piso”. A lo cual, su compañero respondió: “Estas loco, ni con todas las vacas del mundo alcanzaría para cubrir todo el suelo ¿Porque mejor no matamos solo una vaca y hacemos unos zapatos?”. Muchas veces proponemos y tomamos decisiones equivocas en relación con algún asunto; respondemos desde la consecuencia y no desde la causa y ponemos en marcha soluciones parciales, erróneas o inadecuadas a problemas fácilmente solucionables. Antes de implementar una solución en su vida personal, laboral o académica, observe con detenimiento si tal solución verdaderamente corrige las causas que generan el problema o, si por el contrario, simplemente sirven de paliativos o sucedáneos momentáneos. Esto requiere discernimiento, pero con el tiempo y la experiencia aplicada obtendrás excelentes resultados.
La tarea es clara: Combata y corrija con todas sus fuerzas las causas que le impiden ser feliz, las mismas que están ubicadas al interior de la familia, la empresa, la sociedad y, muchas veces, dentro de usted mismo(a). En este último caso, la detección de las causas suele ser más complicado, pues requiere la extracción de los sucesos, sus causas y consecuencias, ubicándolas fuera de usted mismo, por tanto, deberá hacerse preguntas como: ¿De qué manera estoy actuando frente a las circunstancias actuales?, ¿Por qué reaccione de tal o cual manera el aquella ocasión?, ¿Qué motivo mi conducta en aquella ocasión?, ¿Cómo actuaria si fuera más inteligente?, ¿De qué forma reaccionaria si yo estuviera en su lugar? Ponerse en la piel de otro ser es una tarea que debemos aprender a realizar con pulcritud y respeto hacia uno mismo y hacia la otra persona, ello nos ayudará a tener éxito y triunfar en la existencia, éxito y triunfo medidos ya no en términos exclusivamente económicos o profesionales, sino también en cuestión de humanidad, de evolución y de grandeza. Trácese metas en todos los sentidos y procure medir su avance periódicamente, algo así como hacen las mejores empresas que siempre están pendientes de saber en qué estado de avance se encuentran frente a la competencia y de cara a sus propios objetivos. A estas alturas, quizás se pregunte por la forma en cómo se pueden medir cosas tan subjetivas como el éxito o el triunfo en estas últimas tres categorías. Permítame contarte que una medición de humanidad para el Pensador puede hacerse desde indicadores tan simples como responder a estas preguntas: ¿Cuántas personas ayudaste hoy?, ¿Mejoré hoy la vida de alguien?, ¿Cuántas palabras de ayuda y motivación salieron hoy de mi boca?, ¿Cuáles fueron mis pensamientos agradables durante una jornada?...Tantas formas de medir existen como pensamientos sucedan. Solo basta con querer hacerlo. En relación con la evolución, se pueden realizar mediciones tales como: ¿Comprendo y acepto a los demás tal como son?, ¿Mi perspectiva del mundo se ha ampliado en los últimos años?, ¿La lluvia y el sol me son igualmente queridos y aceptados?,¿Sufro menos ahora que hace algún tiempo?, ¿Estoy dispuesto a aprender nuevas cosas y formas de pensar y actuar?, ¿Acepto de buena manera todas las religiones?, ¿Ha disminuido mi nivel de crítica destructiva en los últimos años?...
La respuesta a estos grupos de preguntas nos puede situar en niveles de grandeza personal, profesional y laboral, es decir, nos pone cerca del buen Dios y de sus leyes. Esto llevó a Eliphas Levi a decir: “Las leyes físicas son las muelas de las que tú serás el grano, si no sabes ser el molinero”. Atrévete a ser el molinero de tu propio destino, a pensar y actuar de forma correcta y decente en medio de la oscuridad, la frialdad y la insensatez que caracteriza nuestra civilización, procurando entender las causas y actuando en concordancia con ellas; sabiendo con absoluta certeza que el mundo no es bueno ni malo, no es duro ni fácil o blanco o negro, el mundo es como es, y no como debiera ser. Decídete a caminar y corregir las causas de tu dolor y de tu sufrimiento, entendiéndolas primero y corrigiéndolas luego, aunque esto te cause temor y te haga olvidar hasta quien eres actualmente. No hay otra forma.
Con respeto y cariño, dedicado a Javier Martinez Gutierrrez, un ser que busca la forma de la justicia, la comprensión y la evolución; que se esfuerza por ayudar a los demás y que, definitivamente, busca corregir las causas. El mundo cuenta con gente así.
sábado, 23 de octubre de 2010
DE MAESTROS Y MAESTRAS
Por ELIPER F&E
Octubre de 2010
Después de cuarenta y dos años de vivir la vida, de tratar de entenderla y glorificarla, me siento a recordar algunas personas que dejaron huella en ella. Tantos y tantos seres anónimos que un día habitaron mis días y mis noches y que ahora se acercan pidiendo atención, revolviendo mis recuerdos más profundos y más queridos, aquellos que me formaron y transformaron en lo que ahora soy.
¿Quién puede saber lo que sucederá en el futuro?, ¿Acaso los futuribles son mutuamente excluyentes? Al casarnos con una mujer o un hombre, según sea el caso, hemos renunciado al resto de la humanidad y esto fundamenta la inutilidad del sufrimiento cuando se encuentra direccionado desde y hacia un solo ser de los 6.709.132.764 que pueblan el planeta. En términos de números suena perfectamente ilógico sufrir por la partida de un solo ser, cuando tenemos el resto para preocuparnos por su bienestar. En fin, este post está dedicado a recordar algunos maestros y algunas maestras que pasaron por mi vida y que, si ahora les recuerdo, es porque dejaron algún tipo de huella en mi ser y, por tanto, están presentes, pues aquellos que he olvidado son cosa del pasado.
Hoy, con la cabeza llena de teorías, de ideas y de conceptos, pero también de canas que atestiguan el paso del tiempo, me pregunto con cierta nostalgia ¿Dónde estás Melba Choice?...amante impertérrita y sempiterna enamorada de los números, aquella que me hizo amar las matemáticas, cosa que hasta ese momento se me aprestaba lejana, inconcebible e ininteligible. Melba, la de ojos verdes de quien estuve enamorado pero nunca se lo confesé; Melba la que solía mirar desde las alturas de las derivadas y las integrales, que hacia volar los números como si de pequeñas aves migratorias se tratara, pero que luego descendía a entregarnos su sabiduría a borbotones sin cobrar más nada que un humilde salario que el estado le pagaba. Quizás y con mucho, fue la persona que más profundo navegó en mi ignorancia, revolviendo sus escuetas bases hasta hacerse con ella y enviarla a los mismos demonios. Dos años a su lado, escuchándola, viéndola, acariciándola con la mirada de imberbe enamorado; ella llenaba el espacio con sus números, su mirada deslumbrante y el encanto típico de quien ama lo que transmite. Lo que de ti escriba siempre será poco, profesora, consejera, constructora y, ante todo, maestra.
Pero como la vida oscila entre dos extremos, si existía una Melba, también existía un Gustavo…seguramente el licor lo terminó por atrapar entre sus fauces audaces y lo habrá llevado al mismísimo infierno antes de tiempo. Gustavo (no recuerdo su apellido) solía llegar tarde a las clases, y casi siempre con resaca, cuando no, aun con el licor envenenando su sangre. Amante de la buena vida y amigo de los estudiantes, siempre dispuesto a irse de copas con algunos de ellos; dicharachero, abundante en palabras, diestro a la hora de hacerse con una conversación amena. Todo ser humano tiene su lado miserable, pero también sus virtudes. La matemática que de él aprendí no duró mucho, pues yo mismo sentía una contradicción entre lo que el “profe” enseñaba y su propia vida; los buenos estudiantes siempre somos así: si notamos cierta dicotomía entre lo enseñado y quien lo enseña, tendemos a restarle importancia. ¿R.I.P. Gustavo?...no lo sé.
Hablando de miserias, vicios y viciosos, la mente me trae al querido Olmedo…ojos rojos casi toda la semana, andar cansado y cabello corto. Cuarto de básica primaria y todo un mundo por descubrir. Pareciera que nueve años no son muchos, pero son una eternidad para un niño que desea comerse el mundo, ávido de conocimientos, lleno de inquietudes y preguntas que por falta de haberse inventado Google, no tenían más fuente de sanación que la del maestro Olmedo. A él le debo el hecho de haber descubierto que la educación también era un negocio si se le sabía sacar el suficiente provecho. -¡Pérez, vaya tome la lección en el pasillo! ¡Apunta a quienes no se la sepan!. Como en toda sociedad que se precie de serlo, existe el bueno, el malo y el feo, pues Rojas (ahora seguramente amasara una gran fortuna o será político de oficio) llegaba con la misma sentencia: “No se me la lección, pero si no me apunta, te doy estos cinco pesos”. Antes de que me juzguen, les diré que para un chico de nueve años y de extracción humilde, en aquella época cinco pesos significaban el pago de la deuda que el mundo había contraído conmigo al enviarme en el seno de una familia donde el dinero abundaba por su escasez. Gracias a Rojas supe a qué sabían la mayoría de las golosinas que vendían en las tiendas y tuve un aliado para defenderme en los recreos contra aquellas fieras que pueblan los colegios públicos colombianos. ¡Salute, amigo Rojas!. Y, ¿Olmedo? Ah sí, este maestro seguía siempre en sus clases, sabía lo que hacía, amaba su oficio pero tenía otras preocupaciones más importantes en su cabeza. Lo de que metía marihuana lo supe mucho tiempo después, yo solo recuerdo sus grandes ojos rojos y cansados, con apenas unos treinta años encima.
Maestros y maestras que van y vienen sin darse cuenta, muchas veces, del impacto tan tremendo que ejercen entre sus estudiantes. La historia los juzgará y hallará culpables o inocentes, pero ellos siempre serán parte fundamental de nuestra formación. Esto me recuerda a la profesora Margoth: gorda, fea, bajita y con un chal amarillo alrededor de su cuello en una mañana fría de octubre. Este espécimen representa aquel tipo de profesor que se ha hecho con la profesión solamente por necesidad, pero que termina cogiéndole cierto gustillo al asunto y se esfuerza por hacerlo bien, pero como tiene bases equivocas y mal formadas, termina siendo desastrosa para el sistema educativo. A este tipo de profesor le cabe cierta indulgencia, pues peca sobre todo por omisión y por ignorancia, con lo cual no deja de ser tan culpable como otros. Margoth solía reírse de mi nariz pequeña, decía que le parecía muy chistoso y ante los demás compañeros tenía la maldita costumbre de hacer bromas a costa mía, por lo cual llegué a odiarla. Un odio de seis años no es mucho, pero es todo. A esa edad uno odia o ama con todo el ser que tiene, quizás por eso perdí ese segundo año de básica primaria y decidí nunca más estudiar, claro que esta decisión no fue consecuente, pues mi padre me hizo cambiar de opinión esa misma noche, gracias a un consejo sabio y cinco castigos físicos. En fin, el creía que hacia lo correcto, y gracias a ello, hace unos meses terminé mi Maestría en Educación Superior, no podía ser en otra disciplina, y nunca he cejado en el estudio. Querida Margoth: tus burlas sirvieron también para forjar mi futuro como maestro, también del extremo negativo se puede aprender.
Un personaje que ahora se me apresta curioso fue mostrado en la monumental escultura de la Hna. Rosario, prefecta de disciplina del Colegio de las Hermanitas Teresitas. Si no fuera por el hábito, yo diría que se trataba de un coronel del ejército de la Armada Invencible. Voz de mando, porte de militar y estatura señorial que le imprimía un aire de superioridad no gratuita. Siempre atenta a corregir el más mínimo brote de indisciplina escolar, dura con la mirada y fría al andar, siempre se la veía sombría pero enérgica. Ahora pienso que nunca le vi sonreír en los tres años que estuve bajo su mando, quizás por temor a perder autoridad. Tanto de ella como del Colegio en general supe y aprendí la importancia de la disciplina en la carrera hacia el éxito, lo odioso del mugre y el polvo (todo el colegio mantenía impecable) y el amor por la lectura. En su biblioteca me perdía horas enteras leyendo, por ejemplo, la zaga completa de los siete libros que cuentan la historia de Christine Parker y que luego supe que era literatura sin mayor fundamento. Siempre serás recordada como alguien que le aportó bases estructurales a mi formación docente, las mismas que de cuando en cuando afloran hacia mis estudiantes.
Los salvadores siempre llegan y salvan, con ello devuelven lo que un día recibieron, y algunas veces llegan con el nombre de Moisés. Sepúlveda, bajo, rechoncho, de bigotes pronunciados y con un discurso que iba desde moléculas y tejidos, hasta lo insensato del capitalismo y la necesidad de un socialismo participativo. Un día nos dijo al iniciar el octavo año de educación básica secundaria: “Yo no creo en los exámenes, creo en lo que puedan aprender para su vida”; aquel día se iluminó mi vida, supe que la educación tenía otro fin además de hacer exámenes y empecé a percibir el mundo de otra manera, la misma que no ha dejado nunca de asombrarme y que me llevó a ser maestro de escuela algún día. Moisés sabía lo que quería pero creo que nunca logró cambiar la sociedad en la que vivía aunque su vida fue dedicada a mejorar el mundo. Su lucha sigue estando presente en mi propia lucha por cambiar ahora mismo la universidad, por pretender que los estudiantes se formen de manera integral y holística de cara a un futuro mejor para todos. Sin duda, este profesor fundamentó de forma directa mi profesión y mi ser. Gracias, maestro Sepúlveda.
Ahora bien, aunque el mundo tenga salvadores vestidos de docentes, también envía sus demonios con figura de profesores de educación física. Vestido con sudadera azul, camiseta blanca y zapatillas de deportista consagrado, el señor Bolívar llegaba siempre a tiempo para iniciar su clase, y con silbato de árbitro descarriado, llamaba a lista y verificaba que todos tuviéramos los elementos necesarios para hacer el test de Cooper. Entre otras cosas, nunca supe a qué ente raro hacía referencia la palabra “Cooper”, pues odiábamos hasta el término mismo. Algún día llegué tarde dos minutos después de su llamado a lista y ya tenía una falta de asistencia anotada en la tabla, insigne compañera de todo docente que se precie de servir al sistema con notas y evaluaciones. –Profesor Bolívar, yo llegué dos minutos después de su llamado, ¿será que me puede quitar la falta de asistencia, pues participé en todas las actividades? Su respuesta marcaria durante mucho tiempo un compás en mi existencia: “¡Yo no le quito una falta de asistencia ni a mi mama!”. Punto.
La justicia de Dios no da la sanción sin el premio, y en el mismo colegio donde perdí mi segundo año de básica primaria a manos de la profesora Margoth, también trabajaba la que considero la Maestra (con “M” Mayúscula) y cuyo nombre ha quedado eternamente grabado en mi mente de maestro: ORFILIA MARTINEZ MOLINA. Me parecía una mujer muy bella, alta, guapa, delgada y llena de gracia y finura al caminar; luego que crecí, me di cuenta que no era tan alta, de hecho es de baja estatura. Lo demás sigue intacto. Respetuosa, cariñosa y afable con los niños; su eterna tarea hasta jubilarse fue enseñar a leer. ¿Puede haber tarea más noble en el mundo, más importante y elocuente que esta? Yo, sinceramente, lo dudo. A una mente de cinco añitos, habida de saberes y con dificultades para comprender, mostrarle que existe un mundo totalmente nuevo para él, eso es cosa de genios. Aún recuerdo como si fuera ayer el examen final de primer año de básica primaria: Estoy de pie junto a su lado (izquierdo), apenas alcanzo a mirar el periódico que reposa sobre su gran y limpio escritorio, trato de alcanzar con la mirada el párrafo que la señorita Martínez me solicita que lea. Empiezo a leer lo que allí dice y con gran esfuerzo termino mi párrafo. Ella me mira con ese sentimiento de quien sabe que tiene el mundo ante sí, de quien conoce que la responsabilidad de educar y sobre todo de formar, reposa en sus manos; me mira y me da su aprobación con una sonrisa, la misma que me acompañará por el resto de mi formación; aquella que me dice que todo es posible, que siga soñando, que siga intentando tomar el mundo en mis brazos porque todo es posible. Sin duda ese fue un buen año. Orfilia, cada vez que voy a mi pueblo pregunto por ti y algunas veces hasta te veo cruzar el parque acompañada de tus nietas y pienso: “¿Dónde se fue aquella estatura que un día sentí que tenías?, luego me doy cuenta que nunca se fue, que todo cuanto sentí, creí, ame, vi y obtuve de ti, sigue intacto en ti. Tú me enseñaste a leer y escribir, pero antes de mi hubo otras tantas generaciones y después de mí, muchas otras. Iniciaste a enseñar en primero de básica primaria y te jubilaste en primero de básica primaria, y no porque no tuvieras capacidades de dictar otros cursos, sino porque siempre tuviste clara tu misión en esta tierra: abrirnos los ojos a un mundo desconocido, hermoso, abierto, tan ancho como novedoso y atractivo. ¡Que el buen Dios te bendiga siempre, Maestra de Maestros!
Ahora ya viejo y con la experiencia de más de quince años de docencia pesando en mis sienes, siento que de alguna manera desconocida me he transformado en cada uno de estos maestros y maestras que deambularon mis noches y mis días, que llenaron de sabiduría –unos más que otros- mis horas de adolescente inquieto y preguntón. De cada uno resta algo muy dentro de mí, pero de todos, incluyendo aquellos que olvidé, existe una gran lección: Cada uno hizo aquello que creía correcto, aunque algunos ciertamente estaban equivocados, pero intentaron cambiar el mundo, mi mundo, y eso es loable y digno de quien se precie ser un buen ser humano. Como dijo el poeta: “De todo lo que es posible aprender, elige y aprende lo mejor. De todo lo que hayas aprendido, elige lo mejor y enséñalo a los demás”.
Dedicado con respeto y admiración, a todas aquellas personas que por algún motivo eligieron la profesión más importante del mundo: La de educar y formar a otros seres. Que el buen Dios les siga bendiciendo para que cumplan a cabalidad tan laudable labor.
jueves, 15 de julio de 2010
EL HOMBRE VIRTUOSO Y LA MUJER BELLA
Por Eliper F&E
Julio de 2010
Una de las firmas de la actual sociedad es la apariencia medida a través del engaño, el camuflaje y la mentira. Las personas parecen haber perdido credibilidad y ya no es suficiente con la palabra, como sucedía hace solo unas décadas. El carnicero modifica la báscula a su favor, el asesino se ampara en la necesidad de comer para matar a su víctima, la pareja se escuda en la soledad y el error para engañar a su consorte y el gobierno pretende justificar el alza de los impuestos en la certeza de un futuro promisorio, incluyente y de progreso. Esto es parte, solo una pequeña parte de nuestra sociedad latinoamericana que aun no encuentra el rumbo, quizás porque nunca lo ha tenido, ni ha sabido forjarlo sobre bases solidas. El pasarse en rojo el semáforo, hacer chancuco en la evaluación, tirar la piedra y esconder la mano, violar la ley incluso antes de que sea promulgada y salir ante los medios de comunicación a explicar dicho comportamiento, pretendiendo que sea justo y ecuánime ante una sociedad que no conoce la justicia, la equidad, la verdad ni la virtud, es la constante. Todo esto sucede en medio de la ignorancia, el “importaculismo” y el miedo que no deja inocente a nadie, pues se peca por acción pero también por omisión.
Hoy quiero hacer referencia, precisamente, a esta última condición: La Virtud, pero con “V” mayúscula, para evitar confusiones o que un abogado demuestre que la virtud es una enfermedad que se deba extirpar y termine condenándome al olvido.
El hombre VIRTUOSO es sencillamente aquel que tiene y vive la Virtud, es decir, que es Culto y, por ende, Cultivado. ¡Sí señor!, Cultivado, así de simple. ¿Cómo es un campo cultivado? Un campo cultivado es un campo lleno de vida, de alimento, de miel, de pan; generoso y esplendido; como el sol cuando sale cada mañana, que no se detiene a pensar en aquellos que iluminará y en aquellos que no iluminará. Un hombre Cultivado es aquel que es Culto, y no estoy hablando de música clásica o de que tenga en su cabeza almacenada la Enciclopedia Británica; no. Un hombre Virtuoso es aquel que vive en lo que los Griegos llamaban La Areté, eso que hasta el sol de hoy, nuestra sociedad no ha comprendido a cabalidad y menos podrá vivirlo y expresarlo en un futuro inmediato. La Areté, como concepto arquetípico, no cambia con el paso de los años y, por tanto, sigue siendo válido desde aquellos tiempos en los que se expresaba mediante el Honor. Esto equivale a decir que Un hombre Virtuoso es aquel que ha sido Cultivado en el Honor, y, nótese que destaco en mayúscula tres letras para señalar la importancia de tales vocablos.
Por su parte, La Areté en la mujer correspondía, así mismo, a otro concepto arquetípico que ha sido ampliamente velado, trastocado y mancillado hasta la saciedad en nuestros tiempos. La Areté femenina equivalía a la Belleza, y nuevamente es necesario destacarla en mayúscula porque, ciertamente no estoy hablando de las medidas de sesenta, noventa, sesenta, ni estoy hablando de pechos talla cuarenta o de botox. Bástese con mirar un cuadro de Rubens, una catedral gótica, un atardecer soleado, un ave revoloteando o un niño jugando, para admirar la Belleza femenina en todo su esplendor. La Belleza, como concepto arquetípico, se lleva por dentro, aun cuando puede coincidir con su expresión externa y, de hecho, casi siempre coincide, pues la mujer Bella se siente realizada, feliz, querida y reconocida; sencillamente, se siente incluida en el medio en donde se desenvuelve, pues la condición primordial que la identifica es la de ser transmisora y cuidadora de la vida en todas sus manifestaciones. La mujer Bella ama la vida y es amada por la vida.
Pues bien, expuestas la condición de la sociedad actual y el estado de La Areté tanto en el hombre como en la mujer, resta solo esperar que un buen día todos alcancemos todos y todas nuestra mayor identidad: El de ser Virtuosos y Virtuosas en el sentido exacto de la palabra; que cada negociante, carnicero, pareja o gobierno exprese su grandeza a través de la Virtud, lo cual haría desaparecer al asesino en todas sus manifestaciones, porque una cosa es cierta: Así como vamos, no vamos bien. ¡Ça y est!
PD: Este post esta dedicado Izabay Alvear, un ser de luz que descubrió que podía brillar por si sola, que esta dispuesta a ayudar y trabajar en el Gran Plan, que trata cada día de hacer Su labor con el coraje y la tenacidad para alcanzar la meta que cada dia se aclara mas. Una mujer Bella, un ser de la Otra Orilla.
viernes, 9 de abril de 2010
DIATRIBA CONTRA UN HOMBRE SENTADO AL BORDE DE UN PRECIPICIO (3 Parte y Final)
Rápidamente se levantó y empezó a correr hacia su casa. Daba un paso, dos, tres, pero sentía que retrocedía cinco. Se esforzaba en recorrer distancia, pero al mirar atrás, se veía nuevamente parado al borde del precipicio. Las mariposas amarillas seguían a su lado, pero la blanca ya no estaba. Seguía corriendo con tanta velocidad que sus pies parecían desfallecer; su frente completamente mojada en sudor y su camisa medio abierta, le daban un aspecto grotesco y triste. Por fin, cayó rendido al piso.
-¿A dónde vas?-, preguntó suavemente la voz. Esta es mi segunda pregunta, amigo mío. ¿Quieres responderme?, por favor, le dijo en tono fraternal.
-Pero… ¿Qué he hecho para merecer esto?, ¿Por qué a mí?. Increpó desesperado Karl, al borde de las lagrimas.
-Veo que has estado muy ocupado en tratar de huir. No deberías insistir en lo que no se puede hacer. Tú estás exactamente donde debes estar y, tienes justo lo que debes tener, así como lo que en rigor te mereces. No pierdas tiempo en tratar de huir de tu realidad ni de tu mundo, tú me creaste para esto y para esto, estoy aquí. Aprovecha el poco tiempo que resta y respóndeme la pregunta, antes que pierda la paciencia.
-Trataba de llegar a mi casa, mi mujer y mis hijas me estarán esperando…-, argumentó Karl, un tanto apesadumbrado. Dejando escapar gruesas lágrimas, le suplicó al Pensador que le dejara marchar, pero éste se mostró indolente ante las suplicas. La vida es indolente ante los sufrimientos de los mortales y con ella no se puede tranzar, pues no hay nada que le interese, ella lo es todo.
-¡Te irás solo cuando estés listo para partir, no antes ni después!-, gritó la voz. Tienes que resolver las tres preguntas y luego serás una persona libre. Cuanto antes acabes, será mejor para ti, pues el tiempo no es tu aliado.
-Ya te he dicho que trataba de llegar a mi casa, con mi mujer y…
-No estás escuchando, tu cerebro sigue perturbado-, interrumpió la voz. Nadie se va sin terminar su labor; el campesino no asiste a cenar sino hasta que acaba su trabajo; el caminante no come hasta que ha alcanzado su meta; el estudiante no se gradúa hasta tanto no termina sus estudios…tú no te irás hasta que hayas respondido mis tres preguntas de forma satisfactoria. Recuerda que la rata Grenouille solo fue apresada al terminar su ardua labor.
De cara al piso, Karl se asombró de recordar al pie de la letra los pasajes de El Perfume relacionados con lo que la voz comentaba. Así: “Cuando él creía que tenía todo en su poder y había por fin arrebatado de la última chica la fragancia más exquisita y la cual era la culminación de su labor, fue arrestado por los asesinatos de las jóvenes y, cuando le hicieron declarar, no dijo nada en concreto, sólo que las necesitaba.
Por ello fue condenado a ser puesto boca arriba y atado a una cruz de madera para después recibir doce golpes con una vara de hierro que le descoyuntarían las articulaciones tras lo cual lo levantarían y esperarían su muerte la cual podría durar horas incluso días”.
Cada uno obtiene el final aquello que ha merecido. Nadie gana más ni menos que lo que en justo rigor se ha hecho merecedor. Si esto era cierto, ¿cómo es que se encontraba al borde de un abismo y a punto de caer?, ¿Su vida había sido tan miserable para merecer morir de esta manera?...
Con la mano izquierda colgando en el abismo, y la mano derecha asida a una rama que amenazaba con desgarrarse, producto de un resbalón inusitado causado por su debilidad, Karl se esforzó en mantenerse lucido, en entender la pregunta y tratar de dar una respuesta satisfactoria, pues cuando se está a punto de perder la vida, es precisamente cuando más se la valora. ¿A dónde vas?, una pregunta tan sencilla pero cuya respuesta parecía desvanecerse en la noche de los tiempos. -¿A dónde vas?, si alguien va, es porque viene de algún lado-, pensó. Si vengo de algún lado, debo ir a otro, eso es lógico y correcto. En estas divagaciones estaba, sin atreverse a soltarse ni a incorporarse, por temor a que el mínimo resbalón lo lanzara al vacio.
Por su cabeza pasó el diario de su vida, desde que tenía recuerdos, hasta la fecha en que tomó la decisión de incorporarse a la empresa; cuando nacieron sus hijas y cuando se cambió de casa. Su infancia y su juventud; sus cambios de pensamientos y de mirada; sus primeras canas y las tristezas y desconciertos que la vida le había deparado. -Todo llega justo cuando debe llegar, no antes, no después-, pensó.
-¿Y si me soltara y acabara con esto ya?, dijo en voz callada. Si me dejo llevar podría salirme del mundo que me aprisiona, seria por fin libre. Caer libremente por este abismo hasta encontrar el final. Se dio cuenta que aunque vivía en la misma casa desde hace quince años, nunca se había preguntado que habría al final del abismo, cuantos metros habría hasta el fondo…en fin, no sabía nada del abismo que tenia al lado de su casa.
-Tanto las cosas que se nos aprestan buenas como aquellas no tan buenas, nos son completamente desconocidas, -pensó-. –Si salgo de esta situación, trataré de conocer todo lo que me rodea, seguramente eso haría…si saliera de esta situación.
-¿A dónde voy?...no lo sé. Pero si voy es porque vengo de algún lado y, si vengo es porque un día inicie algo y, si inicie algo es porque también lo terminaré. – ¡Esto es un juego de palabras sin sentido!, todo es un gran sinsentido, hasta esta rama que me sostiene sobre el abismo carece de sentido. Cerró los ojos y se dejó llevar por sus pensamientos; sin darse cuenta, exclamó la respuesta que la vida estaba esperando:
-No sé a dónde voy porque no sé quién soy y, no sé quien soy porque no sé de dónde vengo, por tanto, no se a donde voy… ¡creo que estoy perdido!, de hecho, ¡llevo perdido en el mundo más de cuarenta años¡.
En este instante, la rama de la cual estaba asido Karl, empezó a crecer. De su tallo brotaron otras ramas más gruesas y fuertes, algunas le tomaron por los pies, otras por la mano izquierda hasta colocarlo completamente sobre tierra firme. El árbol continuó creciendo hasta tornarse en un esplendoroso ejemplar con diez frutos olorosos y de distintos colores; el fruto más alto era de un limpio color blanco brillante, en tanto que el fruto más bajo presentaba el color amarillo del oro. Tirado en el piso, Karl observó con detalle que los frutos restantes eran, en su orden, azul, rojo, morado, naranja, rosado, magenta, purpura, añil, hasta llegar al amarillo. Esta visión suponía un panorama completamente nuevo para él, quien no acababa de comprender cómo podía haberse salvado de morir en el precipicio. Algunas cosas parecen no tener sentido alguno, -pensaba sin salir del asombro. – ¡Un árbol con frutos de distintos colores!, eso no es posible; además todos sus frutos eran perfectamente redondos y de igual tamaño…eso si que no me lo creo, pensaba y se repetía.
Nuevamente El Pensador lo sacó de sus elucubraciones para decirle algo que terminó por colmar la paciencia de Karl.
-Te asombras de cosas tan simples, cuando has pasado toda tu vida haciendo cosas más simples que no notabas… ¡Ay, así son los seres humanos, hacen y hacen y no tienen tiempo de ser!, musitó la voz socarronamente. ¡Algún día tendrán que aprender a ser seres humanos¡
En estos momentos Süskind había dejado de existir, la consola y el trabajo carecían de valor y el tiempo era solo una metáfora de la existencia para Karl, quien, sentado al borde del precipicio, trataba de alcanzar uno de los frutos del árbol de la vida, pues su estómago así lo exigía. Ante su mirada estaba dispuesto el fruto rosado, sin dudarlo un instante estiró su mano y lo alcanzó; lo llevó a su boca y al morderlo se escuchó un fuerte estruendo en el fondo del abismo.
-Has hecho una buena elección, amigo mío-, exclamó la voz, congraciándose con él.
En tanto Karl apuraba hasta la última gota de néctar que emanaba del fruto, la voz continuaba hablando acerca de la belleza, el sacrificio y la causalidad, situación que apenas comprendía Karl. El fruto se terminó, dejándolo completamente adormecido y tendido sobre el piso en posición fetal. Por fin el héroe tenía un descanso en medio de una tormenta que parecía no tener fin. A veces la vida se transforma en un fuerte vendaval que arrasa con todo lo que hemos construido durante años de duro sacrificio y la vida se torna en un día que parece no tener fin.
Ahora la belleza inundaba todo el paisaje, Karl parecía un niño recién nacido, vuelto a la vida por el deseo y la voluntad. Soñaba que sus hijas crecían y se casaban en medio de sendas bodas a las que acudía todo el pueblo; que su esposa sonreía y era feliz, que había dejado de reprocharle tantas horas de ausencia y de silencios conyugales. En el sueño todo estaba bien, todos sonreían, sin embargo por más que trataba no lograba verse a el mismo en tales escenas. Simplemente él no era parte de ese futuro, si es que era un futuro.
En medio de estos sueños estaba cuando de repente, y haciendo uso de su poca voluntad, súbitamente se despertó con una pregunta que empezó a rondar peligrosamente su cabeza. Se incorporó furiosamente e increpó a la vida:
-¿Por qué estoy aquí?, grito estruendosamente. A pesar de varios intentos, cada vez más sórdidos y más tenaces, nadie parecía escucharle. Se frotó los ojos con ambas manos y se percató que el árbol de frutos de colores ya no estaba. Todo había desaparecido, la rata Grenouille, el café, las mariposas y sus preocupaciones…todo se había ido. Acudía a su cabeza solamente la penetrante inquietud acerca del motivo para estar allí. Ahora era libre de irse, pero no deseaba hacerlo hasta tanto la vida no le respondiera su pregunta.
-¿Acaso la voz no había dicho que tenía tres preguntas?... pues bien, apenas llevaba dos resueltas. -¿Cuál sería la tercera? Mientras miraba fijamente el abismo, como queriendo descubrir su fin, se preguntaba una y otra vez acerca del motivo para estar allí.
-¿Y si me lanzo al vacio?, pensaba Karl. ¿Qué sucedería con la vida si me lanzo al vacio?
Retrocedió unos pasos, dispuesto a lanzarse al fondo del abismo, tomó impulso y cuando estaba listo a empezar su final carrera, se escuchó nuevamente la voz que le decía:
-Espera, espera, no lo hagas, ¡no debes hacerlo!.
-¿Por qué?, acaso morirías conmigo? gritó irónicamente Karl. -¿Tienes miedo de perderte en las paredes de este abismo? O, ¿es porque falta una pregunta por resolver? Pues la pregunta te la hare yo:
-¿Por qué estoy aquí?, ¡Vamos, responde de una buena vez! ¿Era esa la pregunta que tenias que hacerme?, ¡ pues ahora te la hago yo a ti!.
El silencio pareció eterno, ni Karl, ni El Pensador se atrevían a pronunciar vocablo alguno. Minutos más tarde, mientras Karl rodaba por el precipicio en una caída que parecía no tener fin, en las paredes de roca resonaba el mismo eco:
-¡No, no, no!… ¿Por qué nos has matado?, al suicidarte has acabado también conmigo, ¡cobarde, cobarde!
Cuando los equipos de rescate llegaron hasta el fondo del abismo, solo encontraron el cuerpo sin vida de Karl, casi destrozado por los golpes pero con una extraña sonrisa desdibujada en su rostro. En su mano izquierda sostenía con sus dedos ensangrentados, una hoja de papel casi ininteligible que decía:
“Todo el mundo pensaba que de esa forma terminaría la vida de Grenouille, pero lo aún más inesperado estaba a punto de pasar.
El día en el que iba a ser ejecutado y cuyo día toda la población esperaba, utilizó la grandiosa obra construida con las fragancias de las chicas, lo cual provocó una reacción inesperada por la población y ansiada por él.
De repente, todos mostraron una cierta compasión y a la vez se desencadenó una serie de sentimientos desenfrenados que llevó a una orgía y una veneración, incluso, el padre de la chica, a partir de la cual se creó todo, le tomó en los brazos como si de su hija se tratase. Lo deseado por Grenouille se hizo pero provocó en él una repugnancia absoluta.
Tan pronto como pudo huyó de ese lugar y se fue al sitio más alejado posible en un primer lugar, evitando a la gente hasta que llegada la noche se hospedó en un sitio rodeado de vagabundos, borrachos... los cuales no notaron su presencia, pero poco a poco fue suscitando expectación hasta que todos desearon estar cerca de él y poseer algo suyo, aún se notaba en él el olor la perfume creado, hasta que ese deseo de hizo mayor y sin saber cómo acabaron comiéndoselo”.
Al levantar los restos de Karl, y en medio del llanto desesperado de sus hijas, la esposa creyó escuchar una voz que le decía:
-¿Ya sabes porque estás aquí?
FIN
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